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Palabras y poemas de una viuda – Luz Mourelle

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De pronto, soy viuda. Mi duelo con Jor

Jor (Jorge Gregorio) falleció así tan de repente. Llevaba una década sobrellevando muy bien la famosa epoc. Pero resultó que su corazón estaba sufriendo por demás. Y se paró. Había dado unos avisos que ningún médico supo interpretar. Una manga de inútiles o un sistema de salud inútil. Y, claro, no contar con medios económicos como para hacer una consulta «privada» también influyó. Él, también, se murió de pobre. Hacía que nos conocíamos y que convivíamos más de tres décadas. Así, un buen -mal- día me encontré sola. Pasé un mes encerrada en casa, perpleja, llorando, escuchando la música que él escuchaba -rock&roll. Si me lo hubieran dicho no lo hubiera creído: que el más clásico o sinfónico rock, a todo volumen, sería la música adecuada para acompañar un duelo. Pero así fue. Salí a la calle, apenas unas dos veces por semana, para comprarme comida en el super de los chinos que queda a media cuadra. En eso consistió mi primer mes de viuda, acurrucada en un sillón cubierta con una manta pues era invierno y, aunque la estufa estaba encendida, se colaba el viento por las viejas ventanas. La música salía por los parlantes grandes que él había adaptado a la compu. Algunos días, el teclado me sirvió para escribirles a las primas acerca de lo que me acababa de suceder. Ellas respondieron afectuosa y solidariamente pero algunas viven lejos y, además, cada una tiene que seguir llevando su vida como puede -debe, quiere. Tardé bastante en contarles porque sabía que el hacerlo no me cambiaría la vida. Yo necesitaba, antes que nada, sentir mis sentimientos. Sólo avisé lo sucedido, en el momento mismo, a la persona que debo reconocer, al fin y al cabo, es la persona que sentí merecía saber y yo merecía que ella tomara conocimiento de mi situación. Ella, mi tutora tras el fallecimiento de mi padre, resultaron ser dos porque, la verdad, quien empezó a preocuparse y ocuparse muy activamente de mí fue él: mi, cada vez, más adorado primo, mandado, según él, por ella. Ambos son gente bastante mayor que yo y, desde ese momento, fueron mi apoyo emocional. Bueno, todo esto para contextualizar mis palabras de más abajo -ya entendieron que fui huérfana desde niña. Dicen los psicoanalistas que cada duelo re-edita duelos anteriores. Y así fue que empecé a ir a análisis, psicoanálisis no psicoterapia, pues yo no confío en los psicólogos y psicólogas, a menos que también sean psicoanalistas. Y, una sesión, llevé este texto y se lo leí a mi flamantemente nuevo analista. Hubo más sesiones y llevé otros textos algunos de los cuales eran poemas. Entre tantas palabras dichas y escritas y leídas e interpretadas, fui elaborando toda clase de sentimientos por los que pasé en este duelo por la muerte de mi amor-compañero de vida. Aún estoy buscando la manera correcta de homenajearle y celebrar su vida. Tengo bastante por hacer y se me dió por activar este blog que estaba como «privado» alojando viejos poemas y en el que, recién ahora, me animo a publicar -contar en público-, cosa que no es fácil. Pero se me ocurre que le puede servir a más de una persona.

Compartiré poemas, cartas, escritos varios e incluso, tal vez, me anime a contar algunas sesiones de mi análisis. Es que hay mucho sabiondo/sabi-hondo/a dando clases, posteando sesudos textos teóricos pero no logro encontrar, al momento, gente sencilla que cuente sus sesiones, su experiencia como analizante. Por si a alguien le sirve… Y porque yo ya me voy preparando para irme -también- de esta vida… siendo que ya estoy más cerca del final que del comienzo.

Luz Mourelle
Photo by Tim Mossholder on Pexels.com

Querido Jor:

Nada ha quedado pendiente entre nosotros. Todo nos lo dijimos, las peores y las mejores cosas. Teníamos peleas escandalosas en las que nos decíamos palabras muy hirientes, el ego se nos quedaba bastante lastimado, pero no quedaba rencor -pues había un reconocimiento de lo que el otro nos señalaba- y, pasadas unas horas, un día a lo sumo, proseguíamos amigos y nos íbamos acercando de a poco.
Te amé con el alma, y vos a mí. Teníamos debilidad uno por el otro. No podíamos estar lejos más que un día como mucho.
Eras parte de mí, empezabas adónde terminan los dedos de mis manos… y ahora es todo tan tan raro.
Al principio, éramos muy tiernos y apasionados. Después vivíamos en crisis permanente por tantas cosas de la vida. Y, hacia el final, tu enfermedad nos hizo deponer todo lo conflictivo para simplemente estar juntos lo más posible.
Como decía, tantos años y casi nada que decirte pues todo te lo dije, pues todo lo pregunté, y todo lo escuché. Lo mismo vos a mí.
Sólo agradecer a la vida el haberme cruzado con vos… pudo no ocurrir. Y agradacerte me hayas querido tanto tantísimo. No podría pedir más, no puedo pedir más.
Ahora sólo resta el vacío. Por siempre estarás en mí, pues yo soy yo, esta que soy, con todo lo que fui con vos.
Sólo agradecerte te hayas dejado querer por mí.

Tu Nor.

De: Poemas de mis libretas – Mi duelo con Jor – Palabras a mi fallecido amor de mi vida – Luz Mourelle /Buenos Aires /Argentina.

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